Despedida
Década
de los 90’s, Martes Santo, transcurre la Hdad de la Candelaria por la carrera
oficial, revirá para entrar en la Catedral, suena “Pasan los Campanilleros”.
Entre el público, un niño que se sube a la silla porque no logra ver ni
escuchar y a él lo que le llama la atención es el uniforme militar y la gorra
de los músicos que le tocan a la virgen. Entra el paso y los músicos salen
desfilando y tocando la marcha militar “Las Corsarias”.
Pasan
los años y ese niño va creciendo, entra en el Conservatorio fruto de ese germen
que ha crecido en él por la música. Va quemando etapas, pero no sin las dudas
habituales a esas cortas edades de que si lo que está haciendo es lo que
realmente quiere hacer con su tiempo fuera del colegio. Pero entonces, con 15
años llega la posibilidad de empezar a ensayar con una banda de música. Le da
la bienvenida un señor mayor con bigote (el cuál por cierto no se lo volvería a
ver) cuyos consejos y enseñanzas ayudaron a aquel niño a convertirse en un
hombrecito. La banda llegó a él como si de su primer amor se tratase, pasaron
los años y se convirtió en su vida, y él le dio la suya. La banda le dio los
mejores amigos que él podía pedir, incluso le dio una familia con su compadre y
la mujer de este. Fue creciendo en la música y como persona, hasta el punto de
finalizar sus estudios como músico profesional. Sus amigos en el conservatorio
siempre le decían “ahí va el de la Cruz Roja”. Porque lo que es la vida, quién
le diría a aquel niño que soñaba con desfilar con su gorra que un día iba a
pertenecer a esa banda, la Banda de la Cruz Roja de Sevilla.
Pero
esta historia no queda ahí, porque en el año 2013 encuentra en la banda a su
hija, y ustedes dirán ¿pero esta historia no es la tuya? Y si, efectivamente
aquel niño era yo, y si, la banda ese año me dio lo mejor que podía haber
pedido todos estos años, mi proyecto musical más bonito, mi hija musical, la
Banda Juvenil.
La
Banda Juvenil lo cambia todo, me hace crecer de una manera inimaginable, no
sólo a nivel musical, sino como docente, gestor de grupo y sobre todo como
persona. Me hace dar el 120% de mí y me da la posibilidad de compartir mi
tiempo con compañeros, padres, madres y componentes maravillosos. Porque he
sido la cabeza visible de este proyecto durante más de diez años, posiblemente
el líder que ha tirado del carro, pero no he estado sólo, he estado acompañado
en la junta por gente espectacular a la que estaré eternamente agradecido. No
puedo nombrarlos a todos porque si no estas líneas se harían eternas…pero si
tengo que destacar en concreto a una persona, porque si algo me ha dado la
banda juvenil es una familia, hermanos, hermanas e hijos…y entre todos ellos he
tenido la suerte de encontrar a esos hermanos varones mayores y pequeños que la
vida no me dio. Mi hermano mayor, que siempre ha estado conmigo, que ha sido mi
mano derecha y la izquierda también cuando me tocaba enfadarme, al que solo
puedo decirle lo mucho que lo admiro, lo que lo aprecio a él y su familia, y
decirle lo mucho que le quiero, gracias de corazón Ildefonso.
Y
ahora sí, a más ver mis valientes hobbits, mi labor ha concluido, aquí al fin
llega el adiós a nuestra compañía…gracias a mi familia, mis amigos, compañeros
de la banda grande, y en especial, a ellos, mis niños, los que son y los que han
sido, por compartir esta aventura, por aguantar mis días buenos y malos, por
crear en mí recuerdos que nunca olvidaré y por haberme dado siempre lo mejor de
cada uno de vosotros. Sois el claro ejemplo de que cuando uno da lo mejor de sí
luego la vida se lo devuelve multiplicado por mil. Estoy seguro de que
volveremos a vernos, a coincidir con nuestro uniforme ya que esto no es un
adiós para siempre…hoy ha sido mi último baile, pero mi corazón se quedará siempre
con vosotros, os quiero, muchas gracias.
Comentarios
Publicar un comentario